lunes, 24 de noviembre de 2014

CRISTO







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Todos los cristianos profesos están de acuerdo, por lo menos en teoría, que el deber de aquellos que llevan el nombre de Cristo es honrarle y glorificarle en este mundo. Pero, hay grandes diferencias de opinión con respecto a la manera de hacerlo, y a lo que se requiere para conseguirlo. Muchos suponen que el honrar a Cristo simplemente significa unirse a alguna "iglesia", tomar parte en las actividades de la misma y apoyarlas. Otros piensan que el honrar a Cristo significa hablar de El a otros y dedicarse diligentemente a hacer "obra personal". Otros parecen imaginarse que honrar a Cristo significa poco más que hacer contribuciones generosas a su causa. Hay pocos que se den cuenta que Cristo es honrado sólo cuando vivimos santamente en El, y esto, andando en sujeción a su voluntad revelada. Pocos, verdaderamente, creen las palabras: "El obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros" (1ª Samuel 15:22). No somos cristianos si no nos hemos rendido plenamente a Jesús y le hemos "recibido como Señor" (Colosenses 2:6). Quisiera que consideraras esta afirmación con diligencia. Satán enseña a muchos hoy en día haciéndoles creer que confían en Dios para salvación en la "obra consumada" de Cristo, mientras que sus corazones permanecen sin cambiar y el yo gobierna sus vidas. Escucha la Palabra de Dios: "Lejos está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos" (Salmo 119:155). ¿Buscas realmente sus estatutos? ¿Escudriñas con diligencia su Palabra para descubrir lo que ordena? "El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él" (1ª Juan 2A). ¿Es posible decirlo de modo más claro?
"¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis las cosas que os mando?" (Lucas 6:46). La obediencia al Señor en la vida, no meramente las palabras placenteras de los labios, es lo que Cristo requiere. ¡Qué palabra más solemne y qué advertencia más directa la de Santiago 1:221 "Sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos." Hay muchos "oidores" de la Palabra, oidores regulares, oidores reverentes, oidores interesados; pero, ¡ay!, lo que oyen no está incorporado a su vida, no regula sus caminos. Y Dios dice que los que no son hacedores de la Palabra ¡se engañan a sí mismos!
Por desgracia, ¡cuántos hay en la Cristiandad así, hoy en día! No es que sean verdaderos hipócritas, pero están engañados. Suponen que por el hecho de ver tan claro que la salvación es por la gracia solamente, ya están salvos. Suponen que por el hecho de que se hallan bajo el ministerio de un hombre que "ha hecho de la Biblia un nuevo libro" para ellos, ya han crecido en la gracia. Suponen que debido a que su almacén de conocimiento bíblico ha aumentado, son más espirituales. Suponen que el mero escuchar a un siervo de Dios o leer sus escritos, es alimentarse de la Palabra. ¡No hay tal! Nos "alimentamos" de la Palabra solamente cuando nos apropiamos personalmente, masticamos y asimilamos en nuestras vidas todo lo que hemos oído o leído. Donde no hay una conformidad creciente del corazón y la vida a la Palabra de Dios, este conocimiento incrementado sólo va a servir para una mayor condenación. "Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes" (Lucas 12:47).
"Siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento pleno de la verdad" (2ª Timoteo 3:7). Esta es una de las características prominentes de los «tiempos peligrosos» en los cuales estamos viviendo ahora. La gente escucha a un predicador después de otro, asiste a convenciones y más convenciones, lee libro tras libro sobre temas bíblicos, y nunca alcanza un conocimiento vital y práctico de la verdad, de modo que se produzca una impresión de su poder y eficacia en sus almas. Hay algo que se llama hidropesía espiritual, y las multitudes sufren de ella. Cuanto más oyen, más quieren ír; beben los sermones y los mensajes ávidamente, pero sus vidas no cambian. Están hinchados de conocimiento, pero no humillados al polvo delante de Dios. La fe del elegido de Dios es «conocimiento pleno de la verdad que es según la piedad» (Tito 1:l), pero a esta fe, la vasta mayoría son totalmente extraños.
Dios nos ha dado su Palabra, no sólo con el objetivo de instruirnos, sino con el propósito de dirigirnos: de hacemos conocer lo que El quiere que hagamos. Lo primero que necesitamos es un conocimiento claro y distinto de nuestro deber, y lo primero que Dios nos exige es una práctica concienzuda del mismo, según nuestro conocimiento. "Oh hombre, te ha sido declarado lo que es bueno, qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar la misericordia, y caminar humildemente ante tu Dios" (Miqueas 6:8). "La conclusión de todo el discurso oído es ésta: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre." (Eclesiastés 12:13). El Señor Jesús afirmó lo mismo cuando dijo: "Vosotros sois mis amigos, si hacéis las cosas que yo os mando" (Juan 15:14).
1. Un hombre se beneficia de la Palabra a medida que descubre lo que Dios le exige; sus exigencias invariables, porque El no cambia. Es un grave error suponer que, en esta dispensación presente, Dios ha rebajado sus exigencias, porque esto implicaría por necesidad que sus exigencias previas eran duras e injustas. ¡De ninguna manera! "La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Romanos 7:12). El resumen de lo que Dios exige es: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Deuteronomio 6:5); y el Señor Jesús repitió lo mismo en Mateo 22:37. El apóstol Pablo volvió a decir lo mismo cuando escribió: "Si alguno no ama al Señor Jesús, sea anatema" (1ª Corintios 16:22).
2. Un hombre se beneficia de la Palabra cuando descubre de qué modo tan completo y entero ha fallado en llegar a la altura de las exigencias de Dios. Y déjeseme indicar para cualquiera que pueda haber estado en desacuerdo con el párrafo anterior de que ningún hombre puede ver cuán pecador es, ¡cuán corto se ha quedado de llegar al Standard de Dios, hasta que ha tenido una visión clara de las altas exigencias que Dios hace sobre él! En la misma medida que los predicadores rebajan los estandardes de lo que Dios requiere del ser humano, en la misma medida sus lectores obtendrán un concepto falso e inadecuado de su pecaminosidad, y tanto menos se darán cuenta de su necesidad de un Salvador todopoderoso. Pero, una vez el alma ha percibido realmente cuáles son las exigencias que Dios le hace, de qué modo tan completo y constante ha fallado en rendirle lo que es suyo, entonces reconoce en qué desesperada situación se encuentra. La ley debe ser predicada antes de que nadie esté preparado para el Evangelio.
3. Una persona se beneficia de la Palabra cuando ésta le enseña que Dios, en su gracia infinita, ha provisto para que su pueblo pueda satisfacer, lo que El nos exige. Sobre este punto, también, gran parte de la predicación de hoy día es seriamente defectuosa. Se predica lo que puede decirse más o menos una "mitad del Evangelio", pero que en realidad es virtualmente una negación del verdadero Evangelio. Cristo entra en el cuadro, pero sólo como una especie de contrapeso. Es una verdad bendita que Dios ha llenado las exigencias de Dios en lugar de todos aquellos que creen en El, pero esto es sólo parte de la verdad. El Señor Jesús no sólo ha satisfecho de modo vicario los requerimientos de la justicia de por su pueblo, sino que también nos ha dado garantías que los suyos los satisfarán ellos mismos personalmente. Cristo ha procurado el Espíritu Santo para que obre en ellos lo que el Redentor obró por ellos.
El milagro grande y glorioso de la salvación es que los salvos son regenerados. En ellos tiene lugar una obra transformadora. Su conocimiento es iluminado, su corazón es cambiado, su voluntad es renovada. Son hechos "nuevas criaturas en Cristo Jesús" (2ª Corintios 5:17). Dios se refiere a este milagro de gracia de la siguiente manera: "Pondré mis leyes en su mente, y las escribiré en su corazón" (Hebreos 8:10). El corazón ahora está inclinado hacia la ley de Dios: se le ha comunicado una disposición que responde a las exigencias de la ley; hay el sincero deseo de guardarla. De esta manera el alma vivificada puede decir: "Cuando dices: Buscad mi rostro, mi corazón responde: Tu rostro buscaré, oh Jehová" (Salmo 27:8).
Cristo observó no sólo una perfecta obediencia de la ley para la justificación de su pueblo que cree, sino que también ganó para ellos la provisión de su Espíritu, que era esencial para su santificación, y que era lo único que podía transformar a las criaturas carnales y hacerles posible el rendir obediencia aceptable a Dios. Aunque Cristo murió por los "impíos" (Romanos 5:6), aunque encuentra a los impíos (Romanos 4:5) cuando los justifica, sin embargo no los deja en su abominable estado. Al contrario, de un modo efectivo les enseña, por Su Espíritu a negar la impiedad y los deseos carnales (Tito 2:12). De la misma manera que el peso no se puede separar de una piedra, o el calor del fuego, tampoco se puede separar la justificación de la santificación.
Cuando Dios perdona realmente a un pecador en el tribunal de su conciencia, bajo el sentido de esta gracia asombrosa el corazón es purificado, la vida es rectificada, y el hombre entero es santificado. Cristo "se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, celoso de buenas obras" (Tito 2:14). De la misma manera que la sustancia y sus propiedades, causas y efectos necesarios están inseparablemente conectados, también lo están una fe salvadora y una obediencia concienzuda a Dios. De aquí que leemos de la "obediencia de la fe" (Romanos 16:26).
Dijo el Señor Jesús: "El que tiene mis mandamientos y los guarda, éste es el que me ama" (Juan 14:21). Ni en el Antiguo Testamento, ni en los Evangelios ni en las Epístolas admite Dios que acepta el amor de nadie que no guarda sus mandamientos. El amor es algo más que un sentimiento o una emoción; es un principio de acción, y se expresa en algo más que expresiones dulzainas, es decir, requiere actos que agraden al objeto amado. "Porque éste es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos" (1ª Juan 5: 3). Oh, lector, te engañas si crees que amas a Dios y no tienes un deseo profundo y no haces un esfuerzo real para andar en obediencia delante de El.
Pero, ¿qué es la obediencia a Dios? Es más que la ejecución mecánica de ciertos deberes. Puede que' uno haya sido criado por padres cristianos, y bajo ellos haya adquirido ciertos hábitos morales, y sin embargo, el que uno se abstenga de tomar el nombre del Señor en vano, y el ser inocente de robar, no significa que obedezca el tercer y el octavo mandamiento. Otra vez, la obediencia a Dios es mucho más que el actuar conforme a la conducta de su pueblo. Puedo ser huésped de una casa en la cual se observa estrictamente el día del Señor, y por respeto a ellos, o porque yo creo que es bueno y prudente descansar un día a la semana, me abstengo de trabajar en este día, y sin embargo ¡no estoy guardando el cuarto mandamiento! La obediencia no es sólo la sujeción a la ley externa, sino el rendir la voluntad a la voluntad de otro. Así, pues, la obediencia a Dios es el reconocimiento en el corazón de su soberanía; de su derecho a ordenar y mi deber de cumplir. Es la completa sujeción del alma al bendito yugo de Cristo.
Esta obediencia que Dios requiere puede proceder sólo de un corazón que ama a Dios. "Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor" (Colosenses 3:23). La obediencia que procede del deseo de obtener favores de Dios es egoísta y carnal. Pero, la obediencia espiritual y aceptable es dada con agrado: es la respuesta espontánea del corazón y la gratitud por el cuidado y amor de Dios por nosotros que son inmerecidos.
4. Nos beneficiamos de la Palabra cuando no sólo vemos como un deber el obedecer a Dios, sino que en nosotros es obrado amor para sus mandamientos... "Bienaventurado el varón... que en la ley de Jehová tiene su delicia y en su ley medita de día y de noche" (Salmo 1:1,2). Otra vez leemos: "Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera" (Salmo 112:1). Es una verdadera prueba para el corazón el encararse sinceramente con estas preguntas: ¿Doy realmente tanta importancia a sus "mandamientos" como a sus promesas? ¿No debería ser así? Sin duda, porque tanto los unos como los otros proceden de su amor. El cumplimiento en el corazón de la voz de Cristo es el fundamento de toda la santidad práctica.
Aquí quisiéramos de nuevo pedir al lector que con amor y sinceridad se fije bien en este punto. Todo hombre que cree que es salvo y que no tiene amor genuino a los mandamientos de Dios se está engañando. Dijo el salmista "¡Cuánto amo yo tu ley!" (Salmo 119:97). Y también: "Por eso amo yo tus mandamientos. Más que el oro; más que el oro muy fino" (Salmo 119:127). Si alguien objetara que esto era bajo el Antiguo Testamento, preguntamos: ¿Suponéis que el Espíritu Santo produce menos cambio en los corazones de aquellos que son regenerados ahora que antaño? Pero un santo del Nuevo Testamento nos ha dejado su testimonio también: "Me deleito en la ley de Dios según el hombre interior» (Romanos 7: 22). Y, querido lector, a menos que tu corazón se deleite en la «ley de Dios", hay algo que va, mal en ti; sí, es de temer que estés muerto espiritualmente.
5. Un hombre se beneficia de la Palabra cuando su corazón y su voluntad se han entregado a todo los mandamientos de Dios. La obediencia parcial no es ninguna obediencia. Una mente santa renuncia a todo lo que Dios prohíbe, y escoge y practica todo lo que Dios requiere, sin ninguna excepción. Si nuestra mente no se somete a Dios en todos sus mandamientos, no nos sometemos a su autoridad en nada de lo que nos manda. Si no aprobamos nuestro deber en toda su extensión, estamos muy equivocados si nos imaginamos que nos gusta alguna parte de ellos. Una persona que no tiene principio de santidad en él, puede no sentirse inclinada a muchos vicios y sentirse atraída a practicar muchas virtudes, porque percibe que los primeros son acciones inapropiadas, y las últimas son, en sí, acciones hermosas, pero la desaprobación del vicio y aprobación de la virtud no proceden de la disposición de someterse a la voluntad de Dios.
La verdadera obediencia espiritual es imparcial. Un corazón renovado no escoge entre los mandamientos de Dios: el hombre que lo hace no ejecuta la voluntad de Dios, sino la propia. No nos hagamos ilusiones sobre este punto; si no deseamos sinceramente agradar a Dios en todas las cosas, no queremos agradarle verdaderamente en ninguna. El yo debe ser negado; no meramente algunas de las cosas que quiere, ¡sino el vo en sí! La indulgencia voluntaria de algún pecado conocido quebranta toda la ley (Santiago 2:10,11). "Entonces no sería yo avergonzado, cuando considerase tus mandamientos" (Salmo 119:16). Dijo el Señor Jesús: "Vosotros sois mis amigos, si hacéis todas las cosas que yo os mando" (Juan15:14): si no soy su amigo, entonces he de ser su enemigo, puesto que no hay otra alternativa según Lucas 19:27.
6. Nos beneficiamos de la Palabra, cuando el alma es encaminada a orar fervorosamente pidiendo gracia para poder obrar. En la regeneración, el Espíritu Santo comunica una naturaleza adecuada para la obediencia a la Palabra. El corazón ha sido ganado por Dios. Hay ahora un deseo profundo y sincero de agradar a Dios. Pero, la nueva naturaleza no posee ningún poder inherente, y la vieja naturaleza o «carne» lucha contra ella, y el diablo se opone. Por ello el cristiano exclama: "Porque el querer el bien lo ~ tengo a mi alcance, pero no el hacerlo" (Romanos 7:18). Esto no significa que es un esclavo del pecado, como era antes de la conversión; pero, significa que, no encuentra cómo realizar plenamente sus aspiraciones espirituales. Por ello ora: "Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi complacencia" (Salmo 119:35). Y otra vez: "Afianza mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí" (Salmo 119:133).
Aquí contestaremos a una pregunta que las afirmaciones anteriores ha sugerido en algunas mentes: ¿Se afirma aquí que Dios requiere obediencia perfecta por nuestra parte en esta vida? Contestamos: ¡Sí! Dios no establece Standard más bajos delante de nosotros que éste (ver 1ª Pedro 1: 15). Entonces, ¿alcanza estos Standard el cristiano? ¡Sí y no! Sí, en el corazón, y es al corazón que Dios mira (1ª Samuel 16:7). En su corazón, toda persona regenerada que tiene amor verdadero a los mandamientos de Dios y desea, de modo genuino, conservarlos completamente. Es en este sentido, y sólo en éste, que el cristiano es experimentalmente «perfecto». La palabra "perfecto", tanto en el Antiguo Testamento (Job 1:1 y Salmo 37:37) y en el Nuevo Testamento (Filipenses 3:15), significa «recto», "sincero", en contraste con "hipócrita".
"El deseo de los humildes escuchas, oh Jehová; Tú confortas su corazón, y tienes atento tu oído" (Salvo 10: 17). Los "deseos" del santo son el lenguaje del alma, y la promesa es: «El cumplir el deseo de los que le temen» (Salmo 145:19). El deseo del cristiano es obedecer a Dios en todas las cosas, para ser conformado a la imagen de Cristo. Pero, esta voluntad sólo puede ser realizada en la resurrección. Entretanto, Dios, por la gracia de Cristo, acepta la voluntad por el hecho (1ª Pedro 2:5). El conoce nuestro corazón y ve en su hijo un amor genuino a sus mandamientos y un deseo sincero de cumplirlos, y acepta el ferviente deseo y el cordial esfuerzo en lugar de la ejecución precisa (2ª Corintios 8:12). Pero que nadie que viva en desobediencia voluntaria saque una falsa paz y pervierta para su propia destrucción lo que ha sido dicho para el consuelo de aquellos que desean de todo corazón agradar a Dios en todos los detalles de sus vidas.
Si alguien pregunta: ¿Cómo puedo saber si mis "deseos" son realmente los que corresponden a una alma regenerada?, contestaremos: La gracia salvadora es la comunicación al corazón de una. disposición habitual para actos santificados. Los "deseos" del lector deben ser probados así: ¿Son sinceros y fervientes de manera que realmente "aspiras a la justicia" (Mateo 5:6) y "suspiras por Dios" (Salmo 42:l)? ¿Son operantes y eficaces? Muchos desean escapar del infierno; sin embargo, sus deseos no son bastante fuertes para llevarlos a odiar lo que inevitablemente les llevará al infierno, es decir la voluntad de pecar contra Dios. No aborreciéndolo, tampoco se apartan de ello. Muchos desean ir al cielo, pero no de tal forma que entren por la puerta estrecha y sigan "el camino estrecho" que conduce allí. Los verdaderos "deseos" espirituales usan los medios de gracia y no se ahorran esfuerzo para ponerlos por obra, y continuamente y en oración siguen adelante hacia el blanco que tienen delante.
7. Nos beneficiamos de la Palabra cuando, incluso ahora, disfrutamos del premio de la obediencia. "La piedad para todo aprovecha" (1.a Timoteo 4:8). Por medio de la obediencia purificamos nuestras almas (1.a Pedro 1:21). Por medio de la obediencia conseguimos que Dios nos escuche (La Juan 3:22), de la misma manera que la desobediencia es una barrera a nuestras oraciones Isaías 59:2; Jeremías: 5:25). Por medio de la obediencia obtenemos manifestaciones preciosas e íntimas de Jesucristo para el alma (Juan 14:21). Cuando andamos por el camino de la sabiduría (la completa sumisión a Dios) descubrimos que "sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz" (Proverbios 3:17). "Sus mandamientos no son gravosos" (1.a Juan 5:3), y "en guardarlos hay gran galardón" (Salmo 19: 11).

LA ORACION





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Un cristiano que no ora es simplemente una contradicción. Como el niño que nace muerto es un niño muerto, un creyente profeso que no ora está desprovisto de vida espiritual. La oración es el respirar de la nueva naturaleza del creyente, como la Palabra de Dios es su alimento. Cuando el Señor dijo al discípulo de Damasco que Saulo de Tarso se había convertido de veras, le dijo: "He aquí, Saulo ora" (Hechos 9: 11). En muchas ocasiones el altivo fariseo había doblado sus rodillas ante Dios y había cumplido sus «devociones», pero esta vez era la primera vez que "oraba". Esta importante distinción debe ser subrayada en este día de fórmulas sin poder (2ª Timoteo 3:5). Aquellos que se contentan con dirigirse a Dios de modo formal no le conocen; porque "el espíritu de gracia, el de suplicación" (Zacarías 12: 10), no se separan nunca. Dios no tiene hijos en su familia regenerada que sean mudos. "¿No vengará Dios a sus escogidos que claman a El de noche y de día?" (Lucas 18:7). Sí, «claman» a El, no meramente «rezan» sus oraciones.
Pero es probable que el lector se sorprenda cuando siga leyendo que el autor cree que, probablemente, el propio pueblo de Dios ¡peca más en sus esfuerzos para orar que en relación con ningún otro objetivo en que se ocupa! ¡Qué hipocresía hay en la oración, cuando debería haber sinceridad! ¡Qué exigencias tan presuntuosas, cuando debería haber sumisión! ¡Qué formalismo, cuando tendría que haber corazones quebrantados! ¡Cuán poco sentimos realmente los pecados que confesamos, y qué poco sentido de la profunda necesidad de su misericordia! E incluso cuando Dios consiente en librarnos de estos pecados, hasta cierto punto, qué frialdad en el corazón, qué incredulidad, cuánta voluntad propia y autocomplacencia. Los que no tienen perceptividad para estas cosas son extraños al espíritu de la santidad.
Ahora bien, la Palabra de Dios debería dirigirnos en oración. Por desgracia, cuán a menudo hacemos que nuestra inclinación carnal sea la que dirige nuestras peticiones. Las Sagradas Escrituras nos han sido dadas para que "el hombre de Dios sea enteramente apto, bien pertrechado para toda buena obra" (2ª Timoteo 3:17). Como que debemos "orar en el Espíritu" (Judas 20), se sigue que nuestras oraciones tienen que estar de acuerdo considerando que El es el autor de ellas. Se sigue también que según la medida en que la Palabra de Cristo mora en nosotros en "abundancia" (Colosenses 3:16), o escasamente, más (o menos) estarán nuestras peticiones en armonía con la mente del Espíritu, porque «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34). En la medida en que atesoramos la Palabra de Dios en nuestro corazón, y ésta limpia, moldea y gobierna nuestro hombre interior, serán nuestras oraciones aceptables a la vista de Dios. Entonces podemos decir, como dijo David en otro sentido: "Todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos" (1ª Crónicas 29:14).
Así que la pureza y el poder de nuestra vida de oración son otro índice por el cual podemos decidir la extensión de los beneficios que sacamos de la lectura y estudio de las Escrituras. Si nuestro estudio de la Biblia, bajo la bendición del Espíritu, no nos resarce del pecado de la falta de oración, revelándonos el lugar que la oración debe ocupar en nuestra vida diaria, y en realidad no nos lleva a pasar más tiempo en el lugar secreto con el Altísimo; si no nos enseña cómo orar de modo más aceptable a Dios, cómo hacer nuestras sus promesas y reclamarlas, cómo apropiarnos sus preceptos y hacer de ellos nuestras peticiones, entonces, no sólo no nos ha servido para enriquecer el alma el tiempo que hemos pasado leyendo y meditando la Palabra, sino que el mismo conocimiento que hemos adquirido de la letra, servirá para nuestra condenación en el día venidero. "Sed hacedores de la Palabra, no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos" (Santiago 1:22). Se aplica a sus amonestaciones a la oración y a todo lo demás. Veamos ahora siete diferentes criterios.
1. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos ayudan a comprender la importancia profunda de la oración. Es de temer que muchos lectores de la Biblia de hoy (y aun estudiosos) no tienen convicciones profundas de que una vida de oración definida es absolutamente necesaria para andar y comunicar con Dios, como lo es para la liberación del poder del pecado, las seducciones del mundo o los asaltos de Satán. Si esta convicción realmente poseyera sus corazones, ¿no pasarían más tiempo con el rostro delante de Dios? Es inútil, si no peor, replicar: "Hay una gran cantidad de obligaciones que tengo que cumplir y ocupan el tiempo que usaría para la oración, a pesar de que me gustaría hacerla". Pero, queda el hecho que cada uno de nosotros pone tiempo aparte para lo que consideramos es imperativo. ¿Quién vive una vida más activa que la que vivió nuestro Salvador? A pesar de ello encontró mucho tiempo para la oración. Si verdaderamente deseamos ser intercesores y hacer súplicas ante Dios y usamos en ello todo el tiempo disponible que tenemos ahora, El ordenará las cosas de modo que tendremos más tiempo.
La falta de convicción positiva en la profunda importancia de la oración se evidencia claramente en la vida corporativa de los cristianos profesos. Dios ha dicho sencillamente: "Mi casa será llamada casa de oración" (Mateo 21:13). Notemos: no "casa de predicación o de cánticos", sino de oración. Sin embargo, en la gran mayoría de las iglesias, incluso dentro de la ortodoxia, el ministerio de la oración ha pasado a ser negligible. Hay todavía campañas evangelísticas, Convenciones de enseñanza de la Biblia, pero cuán raramente se oye de dos semanas puestas aparte para oraciones especiales. Y ¿qué beneficio proporcionan estas "Convenciones de la Biblia" a las iglesias si su vida de oración no es reforzada? Pero, cuando el Espíritu de Dios aplica con poder en nuestros corazones palabras como: "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Marcos 14: 38); "En toda suplicación y ruego y acción de gracias sean notorias vuestras peticiones delante de Dios" (Filipenses 4:6); "Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias" (Colosenses 4:2), entonces nos beneficiamos de las Escrituras.
2. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos hacen sentir que no sabemos bastante cómo orar. «No sabéis pedir como conviene» (Romanos 8:26). ¡Cuán pocos cristianos creen esto verdaderamente! La idea más común es que la gente sabe bastante bien lo que debe pedir, sólo que son descuidados o son malos, y dejan de orar por lo que saben bien que es su deber. Pero, este concepto discrepa por completo de la declaración inspirada de Romanos 8:26. Hay que observar que observar que esta afirmación que humilla a la carne, no se hace sobre los hombres en general, sino de los santos de Dios en particular, entre los cuales el apóstol no vacila en incluirse el mismo: "No sabemos lo que hemos de pedir como conviene". Si ésta es la condición del hombre regenerado, mucho peor será la de no regenerado. Con todo, una cosa es leer y asentir mentalmente lo que dice el versículo, y otra tener una comprensión de experiencia, porque para que el corazón sienta lo que Dios requiere de nosotros. El mismo debe obrarlo en nosotros y por medio de nosotros.
Digo mis oraciones con frecuencia,
Pero, ¿oro en verdad?
Y van los deseos de mi corazón,
¿Conforme a las palabras?
Lo mismo serviría arrodillarme
Y adorar a una piedra,
Que ofrecer a Dios como plegaria
Nada más que palabras,
Y labios que se mueven.
Ya hace muchos años que mí madre me hizo aprender de memoria estas líneas -la cual ya "está presente ahora en el Señor", pero su mensaje, vivo todavía, me martillea la mente. El cristiano no puede orar a menos que el Espíritu Santo se lo haga posible, lo mismo que no puede crear un mundo. Esto ha de ser así, porque la oración real es una necesidad sentida que ha sido despertada en nosotros por el Espíritu, de modo que pedimos a Dios, en el nombre de Cristo, aquello que está de acuerdo con su santa voluntad. "Y ésta es la confianza que tenemos ante él, que si pedirnos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye" (1ª Juan 5:14). Pero, el pedir algo que no es conforme a la voluntad de Dios no es orar, sino atrevimiento. Es verdad que Dios nos revela su voluntad, y la podemos conocer a través de su Palabra, sin embargo, no es de la manera que un libro de cocina nos da recetas culinarias para la preparación de platos. Las Escrituras frecuentemente enumeran principios que requieren un continuo ejercicio del corazón y ayuda divina para que veamos su aplicación a los diferentes casos y circunstancias. De modo que nos beneficiamos de las Escrituras cuando aprendemos en ellas nuestra profunda necesidad de clamar "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11: 1) y nos vemos constreñidos a pedirle a El espíritu de oración.
3. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos damos más cuenta de nuestra necesidad de la ayuda del Espíritu. Primero, que nos haga conocer nuestras verdaderas necesidades. Tomemos, por ejemplo, nuestras necesidades materiales. Con cuánta frecuencia nos hallamos en una situación externa difícil; las cosas nos oprimen, y deseamos ser librados de estas tribulaciones y dificultades. Sin duda, pensamos que aquí sabemos «qué» es lo que tenemos que pedir. De ninguna manera y, al contrario, la verdad es que a pesar de nuestros deseos de alivio, somos tan ignorantes, nuestro discernimiento está tan embotado, que (incluso cuando se trata de una conciencia acostumbrada) no sabemos qué clase de sumisión a su agrado Dios puede requerir, o cómo podemos santificar estas aflicciones para nuestro bien interior. Por tanto, Dios considera las peticiones de muchos que claman pidiendo ayuda sobre cosas externas «aullidos», y no clamar a El con el corazón (ver Oseas 7:14). "Porque ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida?" (Eclesiastés 6:12). Ah, la sabiduría celestial es necesaria para enseñarnos sobre nuestras necesidades» temporales, a fin de hacer de ellas un asunto de oración según la mente de Dios.
Quizá puedan añadirse unas pocas palabras a lo que ya se ha dicho. Podemos pedir sobre cosas temporales escrituralmente (Mateo 6:11, etc.), pero con una triple limitación. Primero, de modo incidental y no de modo primario, porque no son éstas las cosas de las que se preocupan los cristianos de modo principal (Mateo 6:33). Las cosas que deben buscarse primero y sobre todo, son las cosas celestiales y eternas (Colosenses 3:l), mucho más importantes y valiosas que las temporales. Segundo, de modo subordinado, como medio para un fin. El buscar cosas materiales de Dios no ha de ser a fin de conseguir satisfacción, sino como una ayuda para agradarle más. Tercero, de modo sumiso, no imperioso, porque esto sería el pecado de presunción. Además, no sabemos si el que se nos concediera gracia sobre algo temporal contribuiría realmente a nuestro bienestar supremo (Salmo 106:18) y por tanto debemos dejarle a Dios que decida.
Tenemos necesidades interiores también, además de las exteriores. Algunas pueden ser discernidas a la luz de la conciencia, tales como la culpa y la impureza del pecado, los pecados contra la luz y la naturaleza y la simple letra de la ley. Sin embargo, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos por medio de la conciencia es tan oscuro y confuso que, aparte del Espíritu, no somos capaces de descubrir la verdadera fuente de purificación. Las cosas sobre las cuales los creyentes tienen que tratar primariamente con Dios en sus súplicas son el esta y la disposición de su alma, o sea espiritual. Por eso, David no estaba satisfecho con confesar las transgresiones que conocía y su pecado original (Salmo 51:1-5), sino que dándose cuenta de que no puede entender bien sus propios errores, desea ser limpiado de los "errores ocultos" (Salmo 19:12); pero le pide también a Dios que emprenda una búsqueda de su corazón para encontrar lo que pueda escapársele (Salmo 139:23,24), sabiendo que Dios requiere principalmente "verdad en lo íntimo" (Salmo 51: 6). Así que en vista de (1ª Corintios 2:10-12, deberíamos buscar la ayuda del Espíritu para que podamos pedir de modo aceptable a Dios.
4. Estamos beneficiándonos de las Escrituras cuando el Espíritu nos enseña el recto propósito de la oración. Dios ha establecido la ordenanza de la oración por lo menos con un triple designio. Primero, que el Dios Trino sea honrado, porque la oración es un acto de adoración, rendición de homenaje; al Padre como Dador, en el nombre del Hijo por medio del cual únicamente podemos acercarnos a El, a través del poder que nos impulsa. y dirige del Espíritu Santo. Segundo: para humillar nuestros corazones, porque la oración está ordenada para traernos a un lugar de dependencia, para desarrollar en nosotros un sentimiento de nuestra insignificancia, al admitir que sin el Señor no podernos hacer nada, y que somos como mendigos pidiendo todo lo que somos y tenemos. Pero, cuán débilmente se cumple esto (si es que :se cumple) en nosotros, hasta que el Espíritu nos lleva de la mano, quita nuestro orgullo, y da a Dios el verdadero lugar en nuestros corazones y pensamientos. Tercero, como un medio de obtener para nosotros mismos las cosas buenas que pedimos.
Es de temer que una de las principales razones por las que muchas oraciones quedan sin contestar es que tenemos un objetivo equivocado o sin valor.
Nuestro Salvador dice: «Pedid y recibiréis» (Mateo 7:7); pero Santiago afirma de algunos que «Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites». (Santiago 43). El orar pidiendo algo, pero no de modo expreso con miras a aquello para lo cual Dios lo ha designado, es «pedir mal»; y por tanto sin propósito eficaz. Toda la confianza que tenemos en nuestra propia sabiduría e integridad, si se nos deja proseguir nuestros objetivos nunca se ajustará a la voluntad de Dios. Hasta que el Espíritu restringe a la carne en nosotros, nuestros afectos propios naturales desordenados interfieren con nuestras súplicas, á las hacen inservibles. "Todo lo que hacéis, hace lo para la gloria de Dios" (1ª Corintios 10:31), sin embargo, nadie excepto el Espíritu puede hacer que nos subordinemos en nuestros deseos a la gloria de Dios.
5. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos enseñan a reclamar las promesas de Dios. La oración debe ser hecha con fe (Romanos 10: 14), de lo contrario Dios no la escuchará. Ahora bien, la fe tiene respeto a las promesas de Dios (Hebreos 4:1; Romanos 4:21); si, por tanto, no comprendemos qué es lo que Dios ha prometido, no podemos orar. «Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios» (Deuteronomio 29:29), pero la declaración de su voluntad y la revelación de su gracia nos pertenecen, y son nuestra regla. No hay nada que podamos necesitar que Dios no se haya comprometido a proporcionárnoslo, si bien de tal forma y bajo tales limitaciones que aseguren que será para nuestro bien y nos serán útiles. Por otra parte, nada hay que Dios haya prometido, que no tengamos necesidad de ello, o que de una manera u otra no nos afecte como miembros del cuerpo místico de Cristo. Por ello, cuanto mejor estemos familiarizados con las promesas divinas, y cuanto más comprendamos sus bondades, gracia y misericordia preparadas y propuestas en ellas, mejor equipados estamos para orar de modo aceptable.
Algunas de las promesas de Dios son generales más bien que específicas; algunas son condicionales, otras incondicionales, algunas se cumplen en esta vida, otras en la vida venidera. Tampoco podemos nosotros discernir por nuestra cuenta qué promesa es más apropiada para nuestro caso particular y la situación presente, o cómo apropiarla por fe y reclamarla rectamente de Dios. Por tanto, se nos dice de modo explícito: "Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha otorgado gratuitamente." (1ª Corintios 2:11,12). Si alguien contestara: si se requiere tanto para que una oración sea aceptable, si no podemos presentar peticiones a Dios con menos molestia de la que se indica, habrá pocos que quieran persistir durante algún tiempo en este deber, lo único que podríamos decirle es que esta persona no tiene la menor idea de lo que es orar ni parece tener interés en saberlo.
6. Nos beneficiamos de las Escrituras cuando nos llevan a una completa sumisión a Dios. Como se dijo antes, uno de los propósitos divinos al establecer la oración como una ordenanza es para ayudarnos a sentirnos humildes. Esto se muestra exteriormente cuando doblamos las rodillas ante el Señor. La oración es un reconocimiento de nuestra impotencia, un mirar a Dios de quien esperamos ayuda. Es admitir su suficiencia para suplir nuestra necesidad. Es el hacer conocidas nuestras "peticiones" (Filipenses 4:6) a Dios; pero peticiones es algo muy distinto de "requerimientos". "El trono de la gracia no existe para que nosotros podamos acudir a él para obtener satisfacciones de nuestras pasiones" (Wm. Gurnall). Hemos de presentar nuestro caso delante de Dios, pero dejar que su sabiduría superior prescriba la forma de decidirlo. No debe haber intentos de imposición, ni podemos "reclamar" nada de Dios, porque somos como mendigos dependientes de su misericordia. En todas nuestras peticiones debemos añadir: "Sin embargo, hágase tu voluntad, no la mía".
Pero, ¿no puede la fe presentar a Dios sus promesas y esperar una respuesta? Ciertamente; pero debe ser la respuesta de Dios. Pablo pidió a Dios que le quitara la espina de la carne tres veces; pero en vez de hacerlo el Señor le dio gracia para sobrellevarla (2ª Corintios 12). Muchas de las promesas de Dios son generales, en vez de personales. Ha prometido pastores, maestros Y evangelistas a su Iglesia, y con todo hay muchos grupos de creyentes que languidecen por falta de ellos. Algunas de las promesas de Dios son indefinidas y generales en vez de absolutas y universales: como por ejemplo, en Efesios 6:2,3. Dios no se ha obligado a dar nada de modo específico, a conceder la cosa particular que pedimos, incluso cuando pedimos con fe. Además, El se reserva el derecho de decidir el momento y sazón para concedernos sus misericordias. "Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra sus ordenanzas; buscad la justicia, buscad la mansedumbre; quizá quedaréis resguardados en el día del enojo de Jehová." (Sofonías 2:3). Por el hecho de que "quizá" Dios me conceda una misericordia temporal determinada, es mi deber presentarme ante El y pedirla, sin embargo, debo estar sumiso a su voluntad para la concesión de la misma.
7. Estamos beneficiándonos de las Escrituras cuando la oración se vuelve un gozo real y profundo. El mero "decir nuestras oraciones" cada mañana y noche es una tarea pesada, un deber que debe ser cumplido que nos hace dar un suspiro de alivio cuando hemos terminado. Pero el presentarnos realmente ante la presencia de Dios, para contemplar la gloriosa luz de su faz, para estar en comunión con El en el propiciatorio, es un anticipo de la bienaventuranza eterna que nos aguarda en el cielo. Quien es bendecido con esta experiencia dice con el salmista: "El acercarme a Dios es el bien". (Salmo 73:8.) Sí, bien para el corazón, porque le da paz; bien para la fe, porque la fortalece; bien para el alma, porque la bendice. Es la falta de esta comunión del alma con Dios que se halla a la raíz de la falta de respuesta a nuestras oraciones: "Pon asimismo tu delicia en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón." (Salmo 37:4.)
¿Qué es lo que, bajo la bendición del Espíritu, produce este gozo en la oración? Primero, es el deleite del corazón en Dios como el Objeto de la oración, y particularmente el reconocer y comprender que Dios es nuestro Padre. Así que, cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús que les enseñara a orar, dijo: "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos." Y luego: "Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, o sea, Padre!" (Gálatas 4:6), que incluye un deleite filial, santo en Dios, como los hijos tienen deleite en sus padres cuando se dirigen con afecto a ellos. Y de nuevo, en Efesios 2:18, se nos dice para fortalecer la fe y consuelo de nuestros corazones: "Porque por medio de él los unos y los otros tenemos acceso por un mismo Espíritu al Padre." ¡Qué paz, qué seguridad, qué libertad da esto al alma: saber que nos acercamos a nuestro Padre!
Segundo. El gozo en la oración es incrementado porque el corazón capta el alma y contempla a Dios en el trono de gracia: una vista o perspectiva, no por imaginación de la carne, sino por iluminación espiritual, porque es por fe que "vemos al Invisible" (Hebreos 11:27); la fe es "la evidencia de las cosas que no se ven" (Hebreos 11: l), hace evidente y presente su objeto propio a los ojos de los que creen. Esta visión de Dios en su "trono" tiene que conmover el alma. Por tanto se nos exhorta: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16).
Tercero. Del versículo anterior sacamos también que la libertad y el deleite en la oración son estimulados por ver que, Dios, por medio de Jesucristo, está dispuesto a dispensarnos gracia y misericordia a los pecadores suplicantes. No tenemos que vencer ninguna resistencia suya. Dios está más dispuesto a dar que nosotros a recibir. Así se le presenta en Isaías 30:18: "Con todo esto, Jehová aguardará para otorgaros su gracia." Sí, Dios aguardará a que le busquemos; aguardará a que los fieles echen mano de su disposición para bendecir. Su oído está siempre atento al clamor del justo. Por tanto "acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (Hebreos 10:22); «sean presentadas vuestras peticiones delante de Dios, mediante oración y ruego con acción de gracias y la paz de Dios, que sobrepasa a todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6, 7).

martes, 11 de noviembre de 2014

El Matrimonio Cristiano – La Practica del Amor en los Matrimonios Cristianos





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Según Santiago 2:8, ¿cuál es la ley real?
¿Está bien amarse uno a sí mismo? (Ver Mateo 22:35-40)
¿Por qué no es posible amar al otro si no nos amamos a nosotros mismos?
¿Cuál es la base de poder amarnos a nosotros mismos? 1 Juan 4:10,19
B. ¿Cóm

o puede el marido demostrar su amor? Efesios 5:28-31
C. El amor que tengo para mí se basa en el valor que pongo sobre mí mismo.
¿Cómo podemos enfocar correctamente nuestra autovaloración?
Jeremías 9:23-24
1 Samuel 16:7
2 Corintios 10:12
Para Dios, ¿qué vale más: todas las cosas que este mundo tiene, o una sola alma como la tuya? Marcos 8:36
En el mercado, asignamos valor por medio del precio que ponemos sobre algo, o la cantidad que estamos dispuestos a pagar. Cuando Dios nos redimió (cuando nos compró en el mercado del pecado), ¿cuánto estaba dispuesto a pagar por nosotros? 1 Pedro 1:18-19
¿Qué nos dice esto en cuanto a nuestro valor delante Dios? Y ¿quién es la persona más capacitada en el universo para opinar sobre nuestro valor?
D. Resume los siguientes versículos sobre el tipo de amor que Dios nos ofrece en Cristo, primero para nosotros y luego para compartir con otros:
Juan 3:16
Jeremías 31:3
Oseas 14:4
Isaías 63:9
Deuteronomio 6:5-8
E. Al mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo, Jesucristo añadió un mandamiento nuevo y mucho más difícil: ¿cuál es? Juan 13:34-35
¿Cómo podemos experimentar y manifestar este amor? Juan 15:9
¿Cómo se aplica este amor a la relación matrimonial? Efesios 5:25-27
II. Manifestaciones del amor en nuestro trato al otro
A. Una aceptación incondicional: Según Mateo 5:43-48, ¿cómo demuestra Dios un amor incondicional hacia todo hombre, no tomando en cuenta nuestra conducta? ¿Cómo se debe aplicar esto en nuestras relaciones con otros?
¿Cómo es el amor de Dios para con nosotros a pesar de nuestro adulterio espiritual? Oseas 3:1
Según Efesios 4:2-3, ¿cómo puedo mostrar este amor?
B. Un perdón total: ¿Cuál es la actitud de Dios hacia pecados perdonados?
Miqueas 7:18-19
Efesios 1:6-7
Hebreos 10:17-18
¿Qué relación hay entre el amor y el perdón? Lucas 7:41-43,47 y 1 Pedro 4:8
C. Una entrega para servir
¿Cómo define Cristo la máxima expresión del amor? Juan 15:1
¿Cómo podemos manifestar este amor según 1 Juan 3:16-18?
Según Romanos 12:9-10, ¿cuáles son algunas características de este amor?
¿Cómo debemos usar nuestra libertad en Cristo? Gálatas 5:13-15
¿Cómo podemos aplicar Romanos 12:15 y 14:15 para servir al otro?D. Una actitud positiva hacia el otro:
¿Qué dice 1 Corintios 13:6-7 de la actitud que toma el amor hacia el otro?
¿En qué forma debo pensar de otros según Filipenses 4:8?
¿Cómo podemos aplicar Romanos 12:17-21 para responder al trato negativo?
E. La edificación: El amor ayuda al otro a crecer y lo anima (Efesios 4:16).
Esta ayuda no se basa en conocimientos, como opina el mundo, sino en el amor (1 Corintios 8:1). ¿Cómo puedes edificar a otros en la pr áctica?
F. La reprensión: Siempre surgen conflictos y problemas en una relaci ón profunda.
Tenemos una obligación de hablar la verdad en tales situaciones, pero siempre con amor (Efesios 4:15). Según Proverbios 3:11-12 y Apocalipsis 3:19, ¿cómo trata Dios nuestros problemas con amor?
¿Qué afirma Proverbios 27:5-6 en cuanto al amor y la reprensión?
Según 2 Corintios 2:4-8, ¿cuáles actitudes deben estar presentes al reprender?
¿Qué añade Gálatas 6:1-2 a esta idea?
G. Según Colosenses 3:12-15, ¿cuáles son otras maneras de mostrar amor?
 

Matrimonio Cristiano Desarrollando una Relación Personal







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1. Juan 17:3 da la única definición de vida eterna en la Biblia. ¿Cuál es? ¿Por qué crees que se define como una relación y no como una “cosa”?
2. ¿Qué añade 1 Juan 5:11-13 a esta idea de la vida eterna?
3. Según 1 Corintios 1:9, ¿cuál es nuestro llamamiento como cristianos?
4. Según Filipenses 3:10, ¿cómo describe Pablo su meta en la vida?
B. Dios, como Trinidad, tenía relación consigo mismo con comunicación e intimidad, antes de crear al hombre (Génesis 1:26). Por eso el hombre, creado a la imagen de Dios, necesita seguir los patrones que Dios demuestra en su relación con nosotros para poder tener buenas relaciones.
1. ¿Por qué es imprescindible una relación con Dios para poder desarrollar relaciones de amor con otras personas? 1 Juan 4:7-8
2. Según 2 Corintios 6:14-16, ¿cuáles son algunos problemas que surgen al intentar relacionarnos íntimamente con personas no entregadas a Cristo?
¿Qué dice Amós 3:3 de tener intimidad con personas que tienen metas distintas?
3. ¿Cómo relaciona 1 de Juan 1:3,7 nuestra relación con Dios con la comuni ón que tenemos con otros cristianos?
4. ¿Cuáles son algunas ventajas de tener al Espíritu Santo involucrado en nuestro compañerismo con otros cristianos? Filipenses 2:1-2
5. dios tiene un conocimiento total de todo hombre (2 Crónicas 6:30, 1 Corintios 2:11). ¿Cómo puede este Dios ser un recurso para conocer mejor a otra persona?
6. En Salmo 116:1-2, ¿qué cosa estimuló el amor del salmista hacia Dios? ¿Cómo podemos usar este principio para desarrollar relaciones de amor?
7. Anota cómo Dios se relaciona con nosotros en los tiempos difíciles:
Salmo 31:7
Salmo 142:2-3
¿Qué importancia tiene esto para conocer mejor a la otra persona?
8. ¿Cuáles principios en la relación entre Moisés y dios tienen relevancia para una amistad entre dos humanos? Exodo 33:11-14
9. ¿Cómo promueve uncompromiso con la palabra de Dios mejores relaciones entre dos cristianos? Salmo 119:63 y 1 Pedro 1:22
II. Ejemplos de relaciones íntimas: Escribe tus observaciones:
A. Isaac y Rebeca: Génesis 24:67
B. Jacob y Raquel: Génesis 29:18-20
C. David y Jonatán: 1 Samuel 18:1-4, 20:16-17, 41-42 y 2 Samuel 1:25-26
D. David y un amigo que después lo traicionó: Salmo 55:13-14
E. ¿Por qué crees que la Biblia usa la palabra “conocer” para describir el acto sexual entre cónyuges? Génesis 4:1,25, Lucas 1:34 y Mateo 1:25.
III. Meditaciones prácticas sobre el desarrollo de una amistad
A. Anota las cosas positivas que produce una relación profunda:
1. Salmo 133:1
2. Proverbios 18:24
3. Proverbios 15:17
4. Proverbios 27:9-10
5. Proverbios 27-17
6. Eclestiastés 4:9-12
B. Explica la importancia de la lealtad en una relación: Proverbios 17:9,17
C. ¿Qué pueden compartir los amigos y qué obtienen de este compartir?
1. Cantares 5:1 y Hechos 2:46 (Ver también Apocalipsis 3:20)
2. Cantares 1:15, 2:2, 4:1 y 6:4
3. Cantares 2:10-14
4. Juan 15:15
5. Santiago 5:16
D. ¿Cómo demuestran los siguientes versículos que el desarrollo de una relación profunda necesita de tiempo, conocimientos y práctica?
1. Hebreos 13:1
2. Tito 2:4
3. Oseas 6:3




sábado, 8 de noviembre de 2014

DICIPULADO







Discipulado
En el libro de los Hechos podemos ver claramente, lo importante que era para el apóstol Pablo formar discípulos y no simplemente convertidos.

El libro de Los Hechos nos enseña en 14:21-22: ...confirmar los ánimos de los discípulos y exhortarlos a que permaneciesen en la fe….

La Palabra CONFIRMAR en el griego original significa: sobre un apoyo, fortalecer, en otras palabras, hacer firme, seguro. Implica servir de soporte o sostén a alguien. Es tener en quien apoyarse para salir adelante.

Tenemos que aprender a apoyar y a sostener a los nuevos. Es como un niño recién nacido, necesita de nuestra atención.

La palabra EXHORTAR significa apremiar a alguien para que siga un curso de conducta,. Es animar, alentar a una persona para que se mantenga en el camino escogido. Es corregir “con amor ” animando a que alcance el objetivo.

Los nuevos discípulos requerían un apoyo similar. Los cuidados de la madre en las primeras horas de la vida de un recién nacido son vitales, al igual que los cuidados y la atención en los próximos meses. De no ser así el pequeño moriría o seria victima de las circunstancias.

 Así como un bebe no puede valerse por si mismo, por no contar con la capacidad para defenderse, alimentarse o sobrevivir el nuevo no podrá prevalecer en la vida cristiana sin el cuidado oportuno de sus padres espirituales.

 Por esta razón Pablo regreso para apoyar a los recién convertidos. No le importo arriesgar nuevamente su vida por amor a ellos.

 PRINCIPIOS BÁSICOS

  El amor debe ser el motor que  nos lleva a servir a Dios. El amor nos permite soportar la persecución, el menosprecio, la traición..(II Timoteo 2:3, 10)

  Tenemos que estar siempre dispuestos a cuidar y a ayudar en todo lo posible a los hermanos, especialmente a los nuevos. (II Tesalonicenses 2:5-7)   Leer 1ª Corintios 13.

 

 

 

 

 

 

 

 

 “3 COSAS FUNDAMENTALES”

1. CONOCER LA PALABRA:

Todos los hombres usados por Dios, a través de la historia le han dado un lugar prioritario en sus vidas a la Palabra de Dios. En ella encontraron la fuente de sabiduría y crecimiento espiritual.

Juan 3:11 dice que de lo que sabemos hablamos y no hay forma de saber de la Biblia, si no sacamos tiempo para leerla, estudiarla y memorizarla. Necesitamos mantenernos en total dependencia de la Palabra, solo así tendremos algo para dar a otros que se acerquen a nosotros buscando consejo o ayuda.

Si aprendemos a valorar y a darle el lugar que se merece en nuestras vidas el Espíritu Santo siempre tendrá donde echar mano para recordarnos los pasajes adecuados en el momento que los necesitemos (Juan 14:26)

Jesús nos dio ejemplo al derribar todo argumento que el diablo le presentaba en el desierto diciendo: Escrito está” utilizando de esa manera la Palabra de Dios.

Charles Spurgeon leyó la Biblia mas de 100 veces y dijo: “La ultima vez la encontré mucho mas hermosa que la primera vez”

 2. DISPOSICIÓN:

Colosenses 3:23: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”

Una de las cosas que mas le agrada al Señor es que hagamos nuestra labor como para El y no para ser vistos o reconocidos por los hombres. Debemos de hacer las cosas como El mismo las haría de estar en nuestro lugar. Como si de ello dependiera nuestra propia vida.

La disposición se refleja en la actitud que tenemos al hacer las cosas, aunque la orden que Dios nos este dando no sea la mas lógica para nuestro razonamiento o la que mas nos agrade.

Lo que pone de manifiesto mi disposición son las actitudes del corazón. Estas hablan por si solas y son captadas por quienes nos rodean; aun sin expresar una sola palabra. Muchas veces una imagen vale más que mil palabras.

Isaías 6:8 “Después oí la voz del Señor que decía: ¿A quien enviare, y quien ira por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí envíame a mi”

 3. ORACIÓN

Si en algo debemos ser especialistas es en la oración. Es por medio de ella que ganamos las grandes batallas. Hagamos de la oración el tiempo más especial de cada día. Evitemos que sea aburrida, mecánica y monótona. Hable con el Señor en forma sencilla, pero coherente, y diríjase confiada y honestamente porque El esta atento a nuestras palabras.

En la medida en que aprendamos a pasar tiempo en la presencia del Señor, su espíritu llenara nuestros corazones. Debemos interceder para que nuestras vendas espirituales caigan, y para que los que no conocen al Señor, le puedan conocer. Recuerde que la oración produce cambios en el mundo espiritual. La oración rompe cadenas (Jeremías 33:3 – Mateo 7:7-11)

 

 

 

 

PREGUNTAR PARA REFLEXIONAR:

1.     Por medio de la lectura de Filipenses 2:3-11 ¿Ha descubierto actitudes erróneas en tu forma de relacionarte con los demás?

2.     ¿Te consideras superior a los demás?

3.     ¿Crees que al humillarte perderás el respeto de los demás?

4.     ¿Tienes actitud de siervo?

 

“TRABAJANDO EN EQUIPO”

Cuando Jesús llamo a sus discípulos les dijo que haría de ellos pescadores de hombres. Uno de los métodos mas usados para la pesca en Galilea es el siguiente:

Se ponen de acuerdo dos pescadores. Cada uno a un extremo del otro y luego, echan la red en medio de las dos barcas. Dentro de la red colocan pedazos de plomo con el fin de hundirlas, y cuerdas en los extremos para poder arrastrar de ella cuando sea necesario. Luego, uno de los pescadores empieza a virar su barca para encontrarse con el otro.

Es entonces cuando los hombres en tierra tiran de las cuerdas con gran fuerza y arrojan piedras para los peces se asusten y no se salga. Cuando se acercan a la playa se sostienen los extremos y se tira a la orilla. Allí los peces son juntados y clasificados según su especie.

Esta manera de pescar muestra la importancia del trabajo en equipo. Unos reman, otros tiran de las cuerdas, y otros tiran piedras. Que gran lección encierra este trabajo unido y cooperativo.

Como iglesia tenemos que aprender a trabajar en equipo, a reconocernos el uno al otro y a trabajar bajo autoridad. Es nuestro deber colaborar con el resto de nuestros hermanos para que la unidad de la iglesia sea una realidad y juntos podamos extender el Reino de Dios.

 

“PRINCIPIOS BÁSICOS”

  Nos necesitamos los unos a los otros.  (1ª Corintios 12:18-27)

 Debemos de aprender a trabajar en equipo colaborando con todos los hermanos y apoyando las actividades de la iglesia. (Hechos 2:43-47)

  Trabajamos para autoridad. Respetando el orden establecido por Dios. (Efesios 5:21-25) (Romanos 13:1-2)

 Somos un cuerpo y todos tenemos talentos, dones y cosas que aportar para el beneficio de desarrollo de la iglesia. (Romanos 12:4-8)

 

 

 

 

 

 

 

 

LA SANTIDAD

Ser santos significa vivir apartados del pecado, consagrado y rendir nuestras vidas al Señor. Muchos confunden la santidad con una vida religiosa, guardando costumbres y tradiciones. Sin embargo la santidad no tiene nada que ver con eso.

En el libro de los Hechos podemos ver a la iglesia primitiva incentivando permanentemente a sus miembros a vivir en Santidad. Los apóstoles cuando daban la Santa Cena enfatizaban la necesidad de mantenerse sin pecado con el fin de que no hubiera juicio o muerte en sus vidas. (Hechos 2:42 – 1ª Corintios 11:29 – Hebreos 12:14)

Vivir en santidad significa tener una vida limpia. Cualquiera que aspire a ser usado por Dios en su obra deberá vivir en santidad, pues el Señor solo escogerá a instrumentos limpios por medio de los cuales pueda fluir para hacer su obra. En cualquier área de servicio (alabanza, Escuela Dominical, etc) donde tenemos que dar a los demás, nos tenemos que preparar de una manera diferente en lo que es nuestra vida de santidad.

Debemos de vivir lo mas cerca de Dios que podamos, examinándonos profundamente delante de El cada día, debemos tomar tiempo para que el Señor nos muestre como esta nuestro interior y remueva todo pecado de nuestras vidas, aun aquellos considerados sin importancia. Esta limpieza de corazón debe manifestarse en cada una de nuestras acciones y actitudes.

El pecado oculto, nos quita autoridad y el respaldo de Dios. No debemos nunca echarles la culpa a los demás de nuestros males ni debemos justificarnos, debemos más bien ir delante de Dios y ser sinceros. (Oseas 10:12)

·         Sembrar rectitud para sembrar misericordia.

·         Hacer barbecho, implica quebrantar nuestros corazones delante de Dios.

1ª Timoteo 3:7 nos habla de tener un buen testimonio con los de afuera. Vive reflejando el carácter de Cristo. El amor fue la clave del éxito de Jesús y lo manifestó desde el mismo momento que dejo su trono para hacerse igual a nosotros.

Filipenses 2:1-11 Jesús nos da muestras palpables del verdadero significado del amor, olvidándose de si mismo y poniéndose en el lugar de las personas viviendo con ellas sus aflicciones y problemas e identificándose con la gente.

 

PRINCIPIOS BÁSICOS:

http://www.mividanueva.org/images/03.pngNo estimarnos a nosotros mismos. vs. 6

http://www.mividanueva.org/images/03.pngDespojarnos de nosotros mismos. vs. 7

http://www.mividanueva.org/images/03.pngTomar forma de siervos. vs. 7

http://www.mividanueva.org/images/03.pngHacernos semejantes a los hombres (identificaros con su situación) Vs. 7

http://www.mividanueva.org/images/03.pngHumillarnos. vs. 8

*      Acercarnos considerando al otro como superior. vs. 3

*       

Este es el modelo de un verdadero discípulo de Jesús.

Mateo 28:19-20

“Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”

Hay mucha diferencia entre ser un creyente y ser un discípulo. Nuestro Señor Jesucristo, siempre fue honesto de sus invitaciones al discipulado. Jamás nos dejó la idea de que hay que rogarle a la gente para que se entregue. Tampoco nos insinuó, jamás, que hay que dejar a un lado convicciones o demandas de la fe para que las personas, que no están en Cristo, se resistan. Al contrario, Él siempre desafió la voluntad de los hombres y de las mujeres, y lo sigue haciendo hoy en día.

He aquí 25 diferencias entre un creyente y un discípulo:

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE espera panes y peces. EL DISCÍPULO es un pescador.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE lucha por creer. EL DISCÍPULO lucha por reproducirse.El CREYENTE se gana el DISCÍPULO se hace.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE depende de la leche espiritual para sobrevivir.EL DISCÍPULO come sólido,  creciendo y madurando,  listo para servir.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE hace hábitos y cae en la rutina. EL DISCÍPULO rompe moldes, y tradiciones.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE espera que le asignen tareas. EL DISCÍPULO está siempre listo para asumir responsabilidades.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE murmura y reclama. EL DISCÍPULO obedece y se niega a sí mismo.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE depende de las circunstancias para servir. EL DISCÍPULO aprovecha las circunstancias para ejercer su fe.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE es “Yo” para que le den y le sirvan. EL DISCÍPULO es “Ellos” para dar y servir.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE se sienta a adorar. EL DISCÍPULO es un adorador.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE dice “la unión del Espíritu Santo es la meta”. EL DISCÍPULO dice “la unión es el punto de partida”.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE esta para sumar. EL DISCÍPULO esta para multiplicar.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE tiene la visión de la comunidad. EL DISCÍPULO tiene la visión de Cristo y de la Iglesia.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE espera milagros. EL DISCÍPULO obra milagros.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE cuida las estacas de su tienda. EL DISCÍPULO ensancha el sitio de su cabaña.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE su meta es llegar al cielo. EL DISCÍPULO su meta es ganar almas para el cielo.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE necesita de campaña y música para animarse. EL DISCÍPULO vive en campaña porque está animado.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE espera un avivamiento. EL DISCÍPULO es parte del avivamiento.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE agoniza sin morir. EL DISCÍPULO muere y resucita en Cristo Jesús para dar vida.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE es miembro. EL DISCÍPULO es siervo.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE se enreda con la cizaña del diablo. EL DISCÍPULO sabe bien sus artimañas y no se deja confundir.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE es “algún día”  EL DISCÍPULO es “heme aquí”.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE quizás predique el evangelio. EL DISCÍPULO hace discípulos.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE maduro se hace discípulo. EL DISCÍPULO maduro asume los ministerios del Cuerpo de Cristo.

http://www.mividanueva.org/images/03.pngEL CREYENTE, Jesús es el Salvador. EL DISCÍPULO, Jesús es el Señor.

 

Todo discípulo es un creyente, pero no todo creyente es un discípulo. ¿Quién eres tú?